REVISTA ARGENTINA DE ENDOCRINOLOGÍA Y METABOLISMO
Rank, J. E. *; Avila de Manzur, Josefina **; Olaya, L. **; Bazán de Casella, Cristina **; Pavesa, Cristina **; Pasarell de Olaya, Noemí **; Rossino de Rey, Rafaela **; Rank, G. **; Chaila, Zulema ***; Tanssig, S. ***; Sánchez de Boeck, Nora ***; Martín de Quevedo, Angeles ***; Bernatené, D.º; Sartorio, G.ºº y Niepomniszcze, H. ººº•
Un total de 1007 alumnos de escolaridad primaria, de ambos sexos, fue estudiado en este monitoreo de bocio endémico en 3 localidades de la provincia de Tucumán: San Miguel de Tucumán (416 niños), Banda del Río Salí (315) y El Manantial [Departamento de Lules] (276 niños). La edad de los escolares osciló entre 6 y 14 años. La palpación tiroidea fue hecha por el conjunto de los médicos participantes. Sin embargo, con la finalidad de aunar criterios con lo realizado previamente (1-11), se tomó como única referencia la palpación de H.N., que se llevó a cabo en la totalidad de los niños estudiados. La definición del grado de bocio fue similar a la utilizada en los otros relevamientos (1). Se determinó la yoduria en muestras casuales de orina emitidas por los niños una vez que fueron palpados (76 de San Miguel de Tucumán, 151 de Banda del Río Salí y 156 de El Manantial). Se pudo medir el contenido de yodo en 86 muestras de sal de consumo hogareño de San Miguel de Tucumán, 149 de Banda del Río Salí y 111 de El Manantial. El examen palpatorio de los niños reveló la existencia de bocio grado 1, con excepción de 2 niños de Banda del Río Salí cuyas glándulas presentaron nódulos. La prevalencia de bocio encontrada fue de 3,6% en San Miguel de Tucumán, 3,6% en el conjunto de los turnos mañana e intermedio y 8,9% en el turno tarde de Banda del Río Salí y 13% en El Manantial. Los niveles de yoduria tuvieron, en San Miguel de Tucumán, una media de 91μg/L y una mediana de 66μg/L, en Banda del Río Salí el promedio fue de 72μg/L y la mediana de 58μg/L, mientras que en El Manantial la media fue de 67μg/L y la mediana de 46μg/L. Cuando se analizaron las yodurias, en función de las marcas de sal consumidas, existió una importante diferencia entre las yodurias de los escolares que consumían marcas de sal de distribución nacional con respecto a aquellos que en sus hogares utilizaba sal de marcas de consumo local. De tal manera, se observó que en el conjunto de las localidades relevadas en este monitoreo en la provincia de Tucumán, el promedio de las yodurias, correspondientes a las marcas nacionales, alcanzó un valor de 86,1μg/L, con una mediana de 67μg/L, mientras que las marcas locales tuvieron una media de 69,2μg/L con una mediana de 50μg/L. Estos valores indican que los niveles de yoduria de los escolares fueron bajos en todas las localidades y, más aún, si el consumo hogareño de sal provenía de marcas locales. El contenido de yodo de las sales que aportaron los alumnos también varió en gran medida según el tipo de sal consumida. Cuando se analizaron las marcas de consumo nacional se obtuvo una media de 31,3±11,1 mg/Kg para Celusal® y de 31,9±11,8 mg/Kg para Dos Anclas®. Sin embargo, al considerar el grupo de marcas locales, salvo el caso de Salvitan® que tuvo una media de 22,3±5,7 mg/Kg, estos valores cayeron abruptamente, variando entre 0 y 8,1 mg/Kg. También pudimos observar que la calidad de las sales, traídas por los alumnos, fue muy diferente entre las marcas locales y nacionales. Cuando se pretendió llevar a cabo la medición del contenido de yodo de las mismas, se comprobó que un número considerable de sales locales se habían deteriorado por humedad, no ocurriendo lo mismo con las sales de consumo nacional. Al evaluar el porcentaje de muestras, cuyas concentraciones de yodo fueron <15mg/Kg, se vio que las marcas nacionales, analizadas en conjunto para toda la provincia de Tucumán, alcanzaron apenas un 9%, pero las sales locales arrojaron, con la excepción de Salvitan®, cifras que oscilaron entre 75 y 100%. Concluímos que en la provincia de Tucumán, al momento de realizar el presente monitoreo, existió una marcada deficiencia de yodo por una muy mala yodación de la gran mayoría de las sales manufacturadas localmente, las que también fueron de mala calidad a juzgar por el alto grado de humedad que evidenciaron. Los diferentes valores de prevalencia de bocio encontrados conllevan un paralelismo inverso con el nivel socioeconómico de los alumnos examinados. En forma resumida, puede afirmarse que cuanto más paupérrimo es el niño, mayor consumo de sal pobremente yodada tiene y, por ende, mayor prevalencia de bocio manifiesta. En los albores del Siglo XXI, esta situación resulta lisa y llanamente vergonzosa. Consideramos que es responsabilidad de las autoridades velar por el cumplimiento de la Ley 17259 por parte de las industrias salineras que no yodan la sal apropiadamente o que directamente no la yodan en absoluto. A nuestro criterio, esta última situación es una práctica delictiva, dado que en sus envases de sal, dichas compañías aseguran haber yodado la sal que comercializan. Es de esperar que este estudio promueva que las autoridades competentes tomen las medidas necesarias para revertir esta dañina situación, que atenta contra la salud de la población en general y de los niños en particular.