REVISTA ARGENTINA DE ENDOCRINOLOGÍA Y METABOLISMO
DRA. FABIANA M. LIBRANDI
El pasado 8 de agosto nos hemos reunido para conmemorar el 84° aniversario de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo (SAEM), una ocasión que permitió rendir homenaje a un pionero de la endocrinología, el Dr. Enrique Benjamín del Castillo, cuyas contribuciones científicas, educativas y clínicas siguen siendo la base sobre la cual se construye la endocrinología clínica en Argentina y Latinoamérica. Su legado en este campo no solo marcó un hito en su época, sino que también dejó una huella imborrable en generaciones de médicos y pacientes.
Nació en Mendoza, al pie de los Andes, el 14 de diciembre de1897. Estudió Medicina en la Universidad de Buenos Aires, graduándose en 1921. Pero su carrera comenzó en 1915 como practicante en el Instituto Jenner y en hospitales como el Ramos Mejía, Parmenio Piñeiro y Torcuato de Alvear. Ejerció en sus inicios como médico de cabecera en San Vicente, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, mientras asistía a conferencias del Dr. Vitón sobre sintomatología y terapéutica, que le implicaban tres horas de viaje a diario.
Entre 1922 y 1933, desempeñó roles claves en el Hospital Alvear y en las Salas X y XIV del Hospital de Clínicas, simultáneamente encargándose de la Sección de Endocrinología Ginecológica bajo la dirección del Profesor Dr. Julio Iribarne.
Desde 1926 fue profesor asistente en el Instituto de Fisiología de la UBA; y en 1928, el Dr. del Castillo conoció al Dr. Bernardo Houssay (Director del Instituto). Fue su alumno y colaborador, y de él adquirió una sólida base de la fisiología moderna. Desde entonces, el Dr. del Castillo inició sus estudios relacionados con el ciclo estral de la rata, la influencia de la castración, y las modificaciones sobre el ciclo por injertos y trasplantes de ovario. El Dr. Houssay dijo de su discípulo: “Puede afirmarse que el Dr. del Castillo fue el principal fundador de la endocrinología clínica especializada y con orientación científica seria y progresista en la Argentina”.
En 1942, la Sociedad de Beneficencia de la Capital nombró al Dr. del Castillo como Jefe de la Sala XVI del Hospital Rivadavia, cargo que ocupó durante 25 años, transformándola en el primer Servicio de Endocrinología del país. Esta sala se convirtió en un centro de formación para médicos de todo el país y Sudamérica. Allí comenzaron su carrera casi todos los especialistas que luego fundaron escuelas en la región. Entre sus discípulos figuran los Dres. Argonz, De la Balze, Oñativia, Reforzo Membrives, Trabucco, Jáuregui (su sucesor como Jefe), Galli Mainini, Stafieri, Quirno, Trucco, Guzmán, Fiol, Pérez. Bajo su liderazgo, se instauró una enseñanza metódica de la especialidad, complementada con clases y conferencias en el Instituto de Semiología fundado por Tiburcio Padilla en el Hospital de Clínicas. El Dr. del Castillo fue el autor del proyecto y creador de un espacio hospitalario para la enseñanza y el aprendizaje de la Endocrinología. Pensaba que el Hospital era una cátedra prodigiosa.
Para describir su personalidad bastan pocas palabras: trabajo, pensamiento, acción, inquietud y honestidad científica. Era un estudioso incansable, y esa virtud la transmitió a sus discípulos. Uno de ellos, el Dr. Virgilio Foglia lo describió así: “En los pasillos del viejo Instituto de Fisiología de la UBA acostumbraba a cruzarme con alguien que luego terminó por serme familiar. De estatura mediana, ligeramente encorvado, con anteojos que escondían unos ojos vivaces e inquisidores, vestido con un delantal gris entreabierto, manchado de sangre, y a la vez sosteniendo una rata blanca en las manos. Lo vi así durante muchos años. Tiempo después lo hacía acompañado por un número de jóvenes cada vez más elevado”.
El trabajo del Dr. del Castillo se basó en dos principios básicos: la endocrinología experimental y una observación minuciosa y cuidadosa del paciente. Sus actividades quedaron plasmadas en numerosas investigaciones, entre las que se destacan:
-1932: Ahumada y del Castillo, publicación de asociación amenorrea/galactorrea; y en 1933: del Castillo y Lanari, asociación galactorrea/amenorrea en acromegalia.
-Síndromes de insuficiencia testicular descriptos por: del Castillo, De la Balze, Trabucco y Oñativia.
-1946: del Castillo, Galli Mainini y Argonz describieron el ciclo citológico del sedimento urinario y su paralelismo con el ciclo vaginal.
Estudió la relación entre la ginecomastia, el cáncer de pulmón y la cirrosis hepática, las relaciones entre hipófisis y tiroides, y ensayó el injerto de paratiroides en la insuficiencia de esta glándula.
También se interesó por la tiroides. El bocio tenía que ver con su origen mendocino. Con un grupo de Harvard, Mendoza y Buenos Aires estudió la adaptación del hombre al déficit de yodo, trabajo publicado en el libro “The Goiter” (Universidad de Harvard, 1954). Gracias a estos estudios se creó en Mendoza el Instituto del Bocio, dando inicio a las primeras campañas de prevención. Publicó más de 200 artículos y siete libros. Sus estudios sobre endocrinología le valieron ser designado miembro de la Sociedad de Biología de París, de la de Gerontología y del Bocio en Estados Unidos, de las Sociedades de Endocrinología de Portugal, España, Chile y Uruguay. En 1956 fue designado miembro de la Academia Nacional de Medicina.
El Dr. del Castillo fue cofundador y primer presidente de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Enfermedades de la Nutrición, nacida el 8 de agosto de 1941, cuyo nombre cambió en 1956 a Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo (SAEM). Ya desde 1939 comenzaron a realizarse reuniones científicas los primeros viernes de cada mes, y en 1941 se incorporaron como filial de la Asociación Médica Argentina. El Dr. del Castillo afirmaba que el profesor Houssay había insistido siempre sobre las relaciones de las glándulas endócrinas y el metabolismo; por eso, cuando se eligió el nombre de la institución se decidió que debería llevar los dos conceptos: Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo. En la SAEM se analizaban nuevos casos y metodologías más exactas, se discutía científicamente. Su objetivo era promover el estudio y adelantos de la endocrinología, publicar trabajos científicos, crear y fomentar vínculos intelectuales y culturales con sociedades similares del extranjero, y realizar reuniones científicas y congresos. Su influencia trascendió fronteras, siendo invitado a dictar conferencias en países como Chile, Brasil, México y Estados Unidos. El Dr. del Castillo fue su presidente hasta 1949.
Padeciendo de artritis reumatoidea invalidante, y usando para paliar su mal los corticoides que tanto había estudiado, trabajó en silla de ruedas hasta su muerte, el 30 de junio de 1969.
Finalizo con una frase de uno de sus colegas, el Dr. Juan Carlos Fiol, quien describió al Dr. del Castillo como “un maestro insustituible, cuya pasión por la endocrinología y entrega a sus pacientes sentaron un paradigma que nos inspira hasta hoy”.